[08] El Ultimo Taller de Mario ABREU

EL ULTIMO TALLER DE

MARIO ABREU

Enrique Hernández-D’Jesús

                           

Las soñadas y los soñados recorrieron la casa de Marapa y siguen dando la vuelta en redondo, la vuelta al mundo, el objeto redondo capaz de conservar en los Objetos Mágicos los arquetipos de la creación. De ahí, de esos lugares alucinatorios, con objetos encontrados en el camino, se llenó de serpientes y gallos encantados, pasó los confines de las Damas alucinadas en medialunas, en formas de animales mitológicos. Mario Abreu entretejió su mundo en manadas de colores, vivos, celestes, poseído por la alquimia del hacedor de magia y del espacio poético. La Dama Vegetal lo visitó en la sombra y él pasa por la crónica de los Rasgos comunes, es distante en los saltos al instinto, y así creo la vastedad vital, la esencia fundamental en el mundo de Mario: sus talleres.

Conocí los Tres Altares de Mario Abreu: Su Altar de Monte Piedad, su Altar de La Pastora, y al final el Altar en Marapa, El Piache (Catia La Mar). En este pasa sus últimos años junto a Ligia y sus hijos. La casa construida por sus propias manos la convirtió en un Retablo. Allí se vuelve a rodear de sus fetiches, de sus ensalmos, de su alquimia en frascos preparados, pinturas, pepas de Zamuro, conchas de mandarina, limones, piedras raras, luces de bengala, cucharas, tenedores, cabezas de muñecos, él era una suerte de brújula para encontrar los objetos y los fetiches. En su biblioteca estaban sus libros de arte, y los libros de los poetas sus amigos: Juan Sánchez Peláez, Luis Camilo Guevara, Pepe Barroeta, Victor Valera Mora, Caupolicán Ovalles, Salvador Garmendia, Gustavo Pereira, Carlos Noguera. Libros en francés, revistas, publicaciones de literatura y arte. También estaba el baúl del mago. Se trataba de un mago expulsado de Venezuela en la época de Pérez Jiménez. La salida intempestiva del mago lo obligó a dejar su Baúl en los depósitos del Puerto de la Guaira. Cierto día un amigo de Mario, trabajador en el mismo Puerto le habló del baúl y le dijo que se lo vendía. Mario, Mago Mayor, sacó dinero de dónde no tenía, vendió dos de sus gallos de peleas, tres pinturas, no por la obra sino por sus marcos, y así pudo comprar el Baúl del Mago. Ahí estaba en el patio trasero, rodeado de muñecos con trapos en sus rostros, de huesos de cabeza de vacas, de toros, de cocodrilos, un carro para vender raspados. Ese Baúl nos lo mostró un día Mario, cuando lo visité junto a Salvador Garmendia. Sacó sombreros, palomas, pañuelos de colores, sombrillas, abanicos, bastones. Todos los artefactos, y los elementos que un mago cualquiera debe tener. Cartas, efectos asombrosos, movimientos intempestivos, fuegos fatuos, manos de mago. Así nos iba mostrando ese baúl, y nos asombraba con cada cuento del mago, con cada historia, con cada locura del mago, y  terminaba diciendo: -El Mago era una locura-. En otros baúles, después de desaparecido Mario aparecieron papeles, cartas, fetiches femeninos, mapas secretos o lo que bien podemos decir, sus secretos íntimos. Mario como todo artista mantuvo en guarda, por muchos años, desde que era muy joven, sus baúles secretos.

 

 

Mario en traje de baño invocó las aguas y se mandó a construir un muro fuerte e inmenso cubriendo la orilla por donde pasaba el río. El río implacable que siete años después de su muerte, arrasaría este testimonio iconográfico del artista.

Detrás de ese muro, en sus patios ordenaba sus objetos, con una fuerza profunda en lo mágico-religioso. Su vida y arte signaron lenguajes intensos. Con desenfado primitivo y fiero instinto de gran colorista. A partir de objetos en desuso, de su  fetichismo, de su reflexión y azar, se llena de símbolos con mucha fortaleza estética y fundacional para nuestro medio. El tema americano, el color del trópico y la exuberancia le crearon la hibridez con lo religioso, animales, faros, cucharas, campanas, una suerte de objetos encontrados y transformados en  cuerpos superiores de poesía, imágenes, espejos, lo religioso, la presencia mágica con collages y composiciones deslumbrantes y muy bien equilibradas en el espacio que Mario Abreu creaba.

 

Mario se bañó en esas aguas. También conoció las inundaciones. Fue una víctima silenciosa, una víctima cargada de amor con un río no equivocado de cauce. Mario vivía en medio del río. La lluvia, muchas veces levantó sus manos, arrastró animales, neveras, palmeras, objetos, televisores, provenientes de las casas humildes a la orilla del río en la montaña arriba. Era el hechizo, la cábala y las plumas de los pájaros. Mario voló rodeado de mariposas.

Para el ensalme, en el tacón del zapato derecho tenía tierra negra y polvo de huesos antiguos. En la camisa larga y azul que le regaló su amigo el poeta Luis Camilo Guevara grababan las marcas del ensalmo con oraciones a María Lionza. Estaba  muy cerca del mar en donde iba a escuchar, desde la orilla, al gallo del solar de la casa de su infancia en Turmero.

En esta última Morada-Taller el Mago, alquimista, mascador de chimó,  también, poeta, fabulador. Ahí creo caligrafías secretas en una profunda razón de ser, lo que José Barroeta llama: La manera de estar junto a la vida, acompañado de sus fantasmas, de las obras y objetos que venían de sus primeros talleres, como El Violinista Mágico ó El Ángel de la Creación, un lenguaje elaborado con: hierbas, flores, aguas y pedrerías de América: El Cristo Vegetal, el Toro Constelado, testimonios que pertenecen a la historia y desarrollo de las artes visuales del Continente. A estas pinturas y Objetos Mágicos se agregan los pasteles y dibujos sobre búhos, mujeres de grandes alas. Pájaro-gallo en el canto del quiquiriñao con cola de serpiente y cabezas de aves, soles, lunas, la reunión de magos en las playas del río desierto. En ellos se expresa nuestra cultura, la agonía de los pueblos y el engaño, la ilusión, las luchas desesperadas, el sueño de cada uno, la picada de culebra, el río de Marapa y su casa.

 

El sueño y el aparecido, el sueño y la visión.

Su sensibilidad significó: símbolos, creencias de los remotos pasajes, uso de las costumbres en medio de la santería, los espíritus, la pepa de Zamuro, y de los irremediables fetiches que arquetipan la ceremonia y los ritos esotéricos, es decir, volver de las selvas, transitar la ciudad y hacer de las mujeres vegetales un mundo vivo, intacto. Esta es la función del Mago, lograr la simbiosis de objetos con fragmentos encontrados y destruidos y, cuerpos de otros reinos, con sus nalgas al aire, senos de búhos, culebras de los primeros rayos de las montañas, y así el hechicero se transforma en el gallo de la hierática quietud. El Brujo Rey de un mundo femenino que logra transitar a la mujer por los labios del cielo.

En los OBJETOS MÁGICOS aparecen desechos de cabezas de muñecas, clavos, violines abandonados, coladores, fragmentos de hierro, viejos relojes, trastos de gran nobleza, ensamblados en progresivo viaje hacia lo telúrico. Mario evocó la imaginería popular: Velorio de un Ángel, El otro guante es amarillo, Fuera de la cápsula, Lámparas eternas, Aparición del ángel crucificado. Nichos o Altares de una atmósfera tejida con nuestras propias raíces y formas culturales, creando el objeto en obras de arte. Su lucha con el espacio. El oficio puro del creador. El Objeto se llena de fragmentos, se llena de luz.

En LAS PUERTAS DEL REINO la quimera, los movimientos del alma, sueños donde es robada el alma, desde allá, soñando sobre el sueño. Después de la muerte el alma sigue en la obra, en ese hilo de nuestros antepasados, de nuestro tótem, detrás de los matorrales, cubiertos de bambúes, convertidos en rocas, rodeados por serpientes. El óvalo nace, crece en la ceremonia,  trasciende al acto de magia, apareciendo en mundos cabalísticos, bajo símbolos, mitos, encarnados en lo mágico religioso y en el onirismo-tropical. La orfebrería, la pedrería le abren paso en espacios de inmensos instintos, de evocaciones, es el ser y el objeto, desenvueltos en el mundo barroco, en estas selvas intensas, donde se concentran las claves de las experiencias mágicas.

 

 

LICOR DE HIERBAS DE CONEJO DEL MAGO ALQUIMISTA Y MASCADOR DE CHIMÓ MARIO ABREU

Ingredientes y preparación:

En una botella en forma de pájaro vierta un litro de ron blanco, agréguele hierbas de Conejo del Páramo andino, además, una pepa de Zamuro recogida en Chirimena y tres piedras de Ojo de ángel de la Cueva del Guácharo. Déjelo por trece años, trece días y trece horas. Brinde a la salud del artista con doce invitados. Simplemente un cruzado

“El huésped invisible, adornado con bellas plumas,

Me detiene en el umbral de su casa,

Con un gesto

Ciego

De amor.” (1)

Que no cuenten los ojos, sino el reflejo de sí mismo, del mundo íntimo, de la vida llena de polvo. Nos gusta el polvo, el campo de la imaginación. Llegamos a los sitios donde no hay nada, somos salvajes, con el miedo en la piel, el miedo a lo que está adentro. Terrible el León rugiendo en la pantalla de la caverna dorada.

Me muevo en los Objetos Mágicos.

A menudo llevan lenguas las palabras. ¿Quedará algo?

Angustias, y ojalá sirvan para no ver mal la bicicleta de Duchamp.

 

El objeto forma parte de la vida. El roedor mete la mano en la tapara.

Conejo de Dios que quita los pecados del mundo

El León experimenta, copado, cruzado con todos los sabores.

 

“Arrastrado bajo yunques sin ruidos ni caricias

Otra vez otro instante

Sepárame las tablas de mi cuerpo, los despojos

Los despojos de mi alma

Hacia una bóveda de espanto, allí crece el caos.” (2)

 

El sabor añade componentes con toques ambiguos.

Pero no en Mi menor, sino en Fa mayor.

En cocimiento a la cuenta. En esa olla permanecemos.

Me sonrojo. Siento un vacío en la vida.

 

“Cuando subes a las alturas

Te grito al oído

Estamos mezclados al gran mal de la tierra.

Siempre me siento extraño. Apenas sobrevivo

Al pánico de las noches.” (3)

En los períodos bajos y altos veo la mujer maquillada con el sol. Me detengo en sus ojos subversivos, los veo más cerca y los veo subjetivos. El poseído.

 

 RECETA DE MARIO ABREU PARA CONQUISTAR EL ALMA MÁGICA

PRIMERO despojarse de todo contenido interno y externo. Mirar bien alto. Hacer señales cruzadas que coincidan con la navegación, con el espacio, con los objetos, con la brújula, con el recuerdo del búho. Agregue una ramita de hierbamora.

 

SEGUNDO métalo en una olla y cocínelo a una hora indeterminada, mirando siempre el horizonte, las posibles apariciones de lo que un día se perdió.

 

TERCERO descifrar esta clave. Así tendrá los poderes mágicos. Agarre con un pitillo La Mano Poderosa.

 

CUARTO Si necesita una consulta privada, acuda a la casa del mago, donde están los baúles, las pepas de Zamuro, sahumerios, plantas, encantamientos, oraciones, imágenes, figuras, sueños, tierras alucinadas, y un fragmento lunar.

 

QUINTO Dirección: comienzo del Piache. Como referencia, una sola posibilidad hacia el mar. Con una sola entrada. Con muchas salidas.

 

“Aunque la palabra sea sombra en medio, hogar en el aire,

soy otro, más libre, cuando me veo atado a ella,

en el alba o en la tempestad.

 

Por la palabra vivo en aguas plácidas y en filón extranjero,

fuera del inmenso hueco.” (4)

 

 

(1) (3) fragmentos  ANIMAL DE COSTUMBRE

(1) (2) fragmento ELENA Y LOS ELEMENTOS

(1) (4) fragmento  LO HUIDIZO Y PERMANENTE

POESIA Juan Sánchez Peláez Monte Ávila Editores

 

 

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