[03] Stefania MOSCA

Stefania MOSCA

 

 ESCRIBIR ES UNA COSA QUE LE OCURRE A UNO COMO AMAR O MORIR

Conversación con Stefania Mosca

Enrique Hernández-D’Jesús


 Stefania Mosca, con palabras desgarradas y sinceras, va describiendo los vasos comunicantes que le han tocado todas las fibras de sus observaciones y las representaciones de los pequeños mundos en el poder del tejido social, en los contenidos de seres despiadados, en el drama diario de la vida representando valores distintos y variados en forma de enanos, voyeristas , políticos, creadores, criaturas que hablan desde la gran carpa circense, El Domador, en la felicidad del circo penetra y da en el ojo la crítica aguda del acontecer, del paso del hombre en la banalidad, en la ineficacia, en el sentido del absurdo cotidiano, la realidad de la realidad. Stefania logra con un barroquismo poético, cautivar a sus personajes en un arco de sentimientos, quienes mediatizados de tópicos sociales los envuelve en el lenguaje atento, reflexivo, profundo e ingenioso, vislumbra lo que está en el borde, logrando hilar la palabra visual, cinematográfica, lo que Carlos Contramaestre llamaba –la palabra en el espacio cotidiano del ser-.

Son correspondencias de los elementos con la vida, con su pulsión básica, aquella misma que la potencia y la concibe.

En esta conversación pasamos por su infancia, alrededor de telas y botones, el mundo mediático que la toca profundamente y sus palabras sabias.

 

 

 

EHD’J: Una de las cosas más importantes es la infancia de los escritores. Algunos inventan historias que les ocurrían, otros hablan de sus lecturas a los ocho años, leían La Montaña Mágica, y no los cuentos que les correspondían por sus edades, desde diversas partes, en Maracaibo, Ciudad Bolívar, Valera, Barquisimeto, Mérida,  se la pasaban como buenos fabuladores y evidentemente como unos mentirosos, llenos de fantasmas, sueños y enfermedades. ¿Cómo es la infancia de Stefania?.

 

SM: La infancia es distinta en cada edad. Lo que uno preserva de la infancia lo va descubriendo toda su vida. Yo tuve una infancia muy contemplativa. Las imágenes en la memoria, es la de una niña de trenzas cuando está parada junto al barandal de la entrada del Palace Corvin, que poco tiempo después  caería en ruinas tras el terremoto de Caracas (1969). Recuerdo el barrio de Chacao. Me desplazaba en el edificio, donde tenía mi mamá su tienda de modas. Ahí transcurrió parte de mi infancia. Una infancia muy elaborada en la soledad, así que tuve mucho tiempo para leer lo que no debía leer, para tocar lo que no debía tocar, para hacer pequeños rituales de juegos.

 

 

EHD’J: La mayoría de los escritores hablan de su infancia rural, y es lógico, casi todos provienen de la provincia, y conocen de sus montañas, ríos, pájaros, árboles, y conocen del canto del colibrí y del movimiento de las alas de los pájaros, tu infancia son las telas, los botones, edificios, el mundo urbano y también conoces el canto de los pájaros y el movimiento de las ardillas.

 

SM:  A Caupolicán Ovalles le gustaba citar un parlamento de Seres Cotidianos.  Yo vi una gallina viva a los 17 años. Es cierto, yo me crié en un apartamento, con infinidades de familias, una enfrente de la otra y sin embargo yo creaba un mundo íntimo, donde la individualidad era la interioridad, se desarrollaba en las gavetas de mi mamá, el closet de mi padre, y podía hurgar la biblioteca de mi hermano a placer. Claro, era cuando él no estaba, porque a mi hermano no se le podían tocar las cosas, y

entre sus cosas estaban los libros, y yo los jurúngaba, a pesar, que mi hermano me llevaba 14 años de diferencia. Eran libros de anatomía, los primeros libros de patología, él estudiaba medicina, veía el cuerpo humano, sus dolencias, sus enfermedades, yo a pesar de no tener ninguna formación me metía en esos libros, hasta llegar a Aristóteles, Platón, los grandes clásicos de Aguilar que forman parte del acervo de las familias pequeños-burguesas europeas, cuyos valores mis padres rescataban de una manera anacrónica. Pasaba muchas horas sola, leía clandestinamente. Ese apartamento era un espacio de descubrimientos, de tesoros, y muchos tesoros los iba revelando desordenadamente, como por pequeños azares. A lo largo del tiempo los fui comprendiendo, ensamblándolos con un conocimiento más formal.

 

EHD’J: ¿Cuando llegan tus padres a Venezuela a qué se dedican?

SM: Mi madre era la dueña de la Boutique, mi padre era vendedor viajero, llegó a vender joyas, y vendía zapatos. Era fabricante de zapatos, fue uno de los primeros que hizo, acá en Venezuela, zapatos de semicuero, eran muy buenos para los barriales, y con eso logró recuperarse de todos  los gastos que la Boutique causaba.

Cuando mis padres llegaron al Puerto de la Guaira, los asignaron al estado Aragua, en Maracay, ahí mostraron lo que tenían para hacer, un desfile de modas, mi padre hacía los zapatos, y mi madre los vestidos, los abrigos eran de piqué, era una moda con visión tropical. Pero a pesar de que se vivía en Maracay, las señoras preferían las pieles de zorro de los abrigos auténticos.

 

 

 

EHD’J: ¿Qué anécdotas y vivencias tiene una niña en un taller de costuras. Con los botones, con las telas, con todo aquello que cubre el cuerpo y lo embellece?

SM: Detrás del taller de costura que tenía mi mamá con unas ocho operarias, costureras, personas encargadas de la plancha y de los remates a mano, atrás estaba un balcón, en ese balcón yo acumulaba los restos de los patrones, las telas, los recortes, y las bobinas torcidas. Tenía una colección de bobinas extraordinarias. Con esas bobinas hacía juegos, muñecos y legos.

En ese balcón completamente escondida, vivía el mundo.

Estaba enterada de los rostros que llegaban al taller de mi madre. Realmente era muy feliz en mi refugio, me salvaba de las clientes de mi mamá, y me salvaba también de la soledad de la casa.

 

EHD’J: En esos espacios se inventa la literatura?. Son estos personajes los que abren tu pasión literaria, o es la eterna soledad la que converge en palabras todos los personajes de tus cuentos y de tus novelas?

SM: Desde pequeña yo quería ser escritora. Cuando íbamos de vacaciones

al Hotel Cumboto, las amigas de mi mamá me preguntaban –Stefania qué

serás cuando estés grande- Y yo respondía tranquilamente que iba a ser

escritora. Y ya más adolescente a los 14 años, en ese mismo balcón, creo que ahí, estaba aprendiendo a ser una espectadora, y me tocó ser testigo del mundo que giraba a mi alrededor. Lo mismo ocurría en las mesas servidas por mis padres, se tomaba vino, se comían alimentos con albahaca, se hablaba italiano y se cantaban canciones de la guerra italiana, durante horas. Yo me asomaba a la ventana, y lo de afuera era otro mundo, hablaban en castellano, un mundo de gente de piel de color, ajeno, al que se desarrollaba, o que se representaba en mi casa.

 

 

EHD’J: En ese refugio de la soledad, en ese balcón, ese laboratorio de

miles de personas que pasaban y se identificaban contigo?

SM: Yo siempre he estado, y creo que todos estamos en una ventana, observando el afuera, que cada vez se nos hace más extraño.

EHD’J: Lo que si es real, es que la perspectiva de lo humano, como un colectivo tangible, de segundo a segundo convive con la realidad. Salvador Garmendia, nos enseñó y describió con su palabra los pequeños seres que somos en nuestros entornos, qué tratas de hacer con el lenguaje?

 

SM: Lo único que he tratado es de relatar la cotidianidad que se nos impone en la ciudad, como ámbito de consumo más que de contacto. El hecho de que yo viva en un edificio de 18 pisos, donde viven por lo menos 150 familias, en donde cada una de ellas se desconoce, y vive la ilusión de que en su apartamento de 100 metros cuadrados, son o están solos. Sus intereses su individualidad. La gente realmente vive la soledad, vive el miedo al otro, esa pequeña tragedia cotidiana tiene expresión además en lo que se ha hecho público, es la invención de lo humano como son el amor, la risa, la tragedia, esa terrible pregunta que tenemos todos los seres humanos entre nosotros, ese deseo de inmortalidad, cuando sabemos que somos absolutamente efímeros, esta contradicción crea esa paradoja, esa pregunta existencial que sostiene la vida, queda reducida en los espacios de los centros comerciales, a una ciudad enajenante, cada vez más. Las grandes metrópolis están colapsadas, en todas partes del mundo, no solamente Caracas. Esa enorme soledad de la multitud, me conmueve muchísimo, y creo que la extensa banalidad que ha filtrado los mecanismos espirituales para explicarnos la vida, es también una tragedia bastante desoladora, en el sentido que es muy difícil desentrañar la salida, todos estamos presos allí, cada vez más es una marca fetichizada, banalizada, ocupando espacios, lo que deberían ser los contactos trascendentes.

 

EHD’J: Aunque en realidad tenemos dos clases sociales, una clase media que siempre estuvo en el poder y una clase que siempre fue marginada y que juega otros valores, hoy en día con una conciencia social, con servicios que nunca tuvieron: agua, electricidad, cloacas, medicina, cultura, educación. Y aparece en nuestro entorno, ahora con más capacidad de acción y con todos los derechos que le corresponden a un ser humano

SM: Ahora esa clase media, y esa otra clase se confunden con una tabla de surf, o con unos zapatos nicke, usan los mismos productos, y así sucede en Santa Elena de Guairén, en San Fernando de Atabapo o en Cabimas, las mediaciones se han recubierto de ciudadanía, ojalá fuese de ciudadanía. La ciudad la han expandido, penetrado hasta en la convivencia más provinciana, y siento que las grandes literaturas son una expresión de la pobreza, y es esa pobreza marcada alrededor de las grandes ciudades, tiene las mismas claves de identidad en toda Latinoamérica, contiene el germen de lo que podrá ser la consolidación de la integración en nuestro continente. Este testimonio está en la calle, yo si creo que hay un momento en que convive con nosotros, gracias a la flexibilidad social que existe en Venezuela, a pesar de que está en el fondo muy entorpecida, para sesgarnos, para no ver al otro, para no ver al pobre, para no percibir al excluido. Este cambio humano que ha sucedido en nosotros, desde el principio de este siglo, hasta aquí, de las manos del proceso revolucionario, nos ha hecho permeables en lo que somos, y cuya raíz, está justamente en esa estructura, hacer vivir el pueblo excluido. Además, tiene en sus manos, no solamente la raíz bárbara, y digo la palabra bárbara contra la palabra civilizado, tratando de recuperar en lo bárbaro nuestra realidad, nuestra esencia, nuestra luminosidad, esa vivencia de 40 años de 50 años de los excluidos urbanos, nos han hecho muy resistentes a lo que se les da como información. Hablando de la modernidad, otro modelo que no cuajó, que quedó trunco en el país, por reproductor justamente.

 

EHD’J: Los medios se han encargado de desvirtuar la realidad, con sus mentiras y el terrorismo mediático?

SM: Estamos bajo una dictadura mediática, hemos creado un mundo conectado en el mismo espacio a millones y millones de seres humanos, creo que esa pobreza nos ha creado una estructura, una arquitectura, una cultura, una música, un lenguaje, un no de resistir al mensaje mediático, o a la acción que los describió. Ese modo ha sido la clave del retornó a la democracia en los días 11, 12 y 13 de Abril. Era absolutamente casi tribal, casi Caribe, una red horizontal pendiente del país. Sucede cada vez que se mueven los pueblos de América Latina, están resistiendo e imponiendo otras formas del poder, afortunadamente dentro de las claves democráticas, eso es algo que deberíamos defender a ultranzas. Para el venezolano es algo muy natural el estado de la democracia, ese es un aval que tenemos. A mi me sorprende lo que sucede día a día en este país. Antes había un silencio tan oprobioso de lo real latinoamericano y de esas soledades de nuestros países. Aún hoy en día no tienen un intercambio en lo cultural.  Esa es nuestra realidad con un sustrato, aún neocolonial muy fuerte. Tener la conciencia de nuestro estado periférico nos da mucha fortaleza.

EHD’J: Y así es cómo surgen estos frescos del poder y la corrupción, tema central de Mi pequeño mundo. El poder y el espectáculo tema de El circo de Ferdinand, y el poder y la soledad tema de la próxima novela que estás escribiendo.

SM: El circo de Ferdinand, La reina del placer y Estrategias de soledad, que sería esta última entrega que voy hacer, fue una propuesta que comenzó como suelen darse las cosas, por intuición, por coincidencias, ese azar objetivado del que hablaba Breton. Yo no creo en la racionalidad, la veo como una herramienta, para crear un orden, para crear verosimilitud. Los contenidos, la posibilidad de una forma, es la obligación de cada novela, se dan de una forma más hibrida, más compleja, tiene que ver con el azar, con el ensamblaje y con mi presencia. Vi en la necesidad de plasmar lo que la modernidad significó en la tradición cultural, en la que estamos inscriptos, y me pareció que la obra de Toulouse Lautrec, un marginado, quien tenía una marca física muy fuertes, no como la que impone el modelo de belleza, la perfección, las niñas se mueren de anorexia, vomitan cinco, seis veces al día, se aplican diuréticos, sufren, se tienen que operar, se ponen implantes, es una cosa pavorosa, ya sabemos la enorme tragedia en que vivimos. El cuerpo es muy sensible, es nuestra capacidad de perfección, y esa perfección está tan mediada, tan penetrada, que separa el cuerpo de la experiencia de la vida. He escogido esos espacios para tratar y para hilar bastante grotescamente las estructuras de dominación, en un lenguaje un poco carnavalesco escogí tres obras de Toulouse Lautrec. En Mi pequeño mundo es La Reina del Placer, es una bailarina de Can Can, que le besa la calva a un banquero, no es como se ha hecho clásicamente en este uso de las imágenes. Yo quise mostrar como la imagen podía contener todo un relato, pero no el relato del pintor y de la imagen que existe, sino del espectador, es la visión del que traduce la imagen, desde un punto de vista muy rutinario en la ciudad de Caracas, con lo que hemos vivido, aparecen personajes que quizás todos reconozcamos. Hay una critica a la estructura del poder, una gran parodia de los mecanismos de dominación, y una puesta en evidencia, también, de la pregunta sobre lo que nos representa, que forma parte de esa trilogía, esa trilogía está protagonizada por un pintor, y su amigo que es el que traduce formalmente su testimonio, es decir que se queda un poco con la autoría, cada uno de los personajes hablan, es una estructura muy coral, que juega a la parodia y al humor como crítica. Los cuadros de Toulouse Lautrec: La reina del placer es en Mi pequeño mundo, El circo de la Amazona, es de El circo de Ferdinand, es el espectáculo como centro del poder, y Estrategias de soledad, es un poco esa estrategia del miedo, que determina o crea unos límites, unos bordes inexistentes en la experiencia de la vida de los que vivimos este siglo XXI,

EHD’J: Toulouse Lautrec, es un mundo muy francés, los personajes están ligados al Can Can, al café, a los terrazas, a los bares, a la nocturnidad, es el gran festín…

SM: Y quizás también la gente que vive cosas que no vive cotidianamente…

EHD’J: Si, pero su vestimenta, sus sombreros, sombrillas, ahí hay todo un mundo de belleza francesa, es una atmósfera que Toulouse Lautrec plasma, logrando crear ese ambiente color pastel, marrón, en cambio nuestro trópico tiene un color brillante, blanco, luminoso, cálido totalmente, son dos mundos distintos, cómo llegaste a relacionarlos?

SM: Nos inscribimos con demasiada facilidad a Occidente y con una facilidad selecta, es decir asumimos que somos parte del centro, o parte de la civilización occidental, empezando por nuestra lengua, es una marca enorme, eso fue un desvinculamiento que ha subsistido desde la incidencia africana en nuestras culturas, eso que marca el Caribe, y que no tiene un relato, no hay un relato. Occidente no tiene ese relato, sino tipificándonos como exóticos. Y nosotros reproduciendo lo que Occidente ve de nosotros. En Mi pequeño mundo, pregunta Sheila – ¿Cómo éramos antes de ser vistos?-. Esa es la gran pregunta que tenemos enfrente, es la gran pregunta que visualizó Simón Rodríguez –Inventamos o erramos– Hacer una crítica al poder, era hacer la crítica, a ese modelo que reproducimos y reproducimos, en el caso cultural a nuestras referencias. Los estudios humanísticos no pueden subsistir dentro de la ortodoxia académica, si no se dan referencias prestigiosas dentro del orden cultural occidental, es decir, si yo hago una autoreferencialidad en una obra que hable de El llano, eso no va a tener validez, sino en la medida en que yo diga que El llano para Wittgenstein significa lo plano, aunque sea estupidez, eso se insertará en el mundo. Estoy hablando desde un punto de vista muy elemental. Quiero decir que nosotros estamos, en donde se sitúa la escogencia de esa obra, es el desacomodo y el nacimiento de otras formas, es la firma visual, gráfica, masificada de la creación, y esto me permite hacer esa crítica al poder, justamente porque relata desde siempre una imagen que nosotros percibimos, hasta ahora algo que nos valida en el mundo. Estas tres novelas quieren ser la prueba de la invalidez del mundo, o de la inexistencia, la falta de cohesión del poder, que nos estructura como naciones, creo que ese es un sustrato que está allí, pero eso son obras como Gaudynightlife, por ejemplo es un bar con espacios vacíos, el vacío como punto de fuga era una de las técnicas de Toulouse Lautrec, aprendidas de la gráfica japonesa, el vacío como parte de la obra, como centro de la obra, así pasa en El circo de Ferdinand, instituir los personajes que ahí están, son todos desconocidos, ustedes saben quien es una contorsionista, quien es un domador, quien es el bebedor de una barra, la soledad que hay en un bebedor, no es el alboroto que se ve en el Mouline Rouge, son unos personajes casi alargados a lo Greco, con las bocanadas de humo, que están sentados en la barra solitarios, viendo un escenario vacío, ese escenario vacío de pintor-narrador, se le ve como el escenario donde va aparecer Sheyla, que es el amor, supuestamente.

EHD’J: La paradoja está en ese escenario vacío, de cómo la literatura venezolana estuvo ligada a un mundo de bares, lo que fue La República del Este, y la infinidad de escritores que se vieron allí, y son muy pocos los que tocan los temas de ese mundo, más bien escriben como europeos, quieren escribir otras historias, que no corresponden a su realidad. No es que hay que vivir un realismo, ni hacer un nativismo, no se trata en absoluto de ver las cosas así. Ellos no han hurgado un poquito estos mundos. Hay demasiada pretensión en esos autores nuestros y se han olvidado de autores que si tienen que ver con el país como Salvador Garmendia, es el submundo cotidiano de la clase media, desde el traje HRH hasta la alienación y el humor, también Gallegos, quienes crean una literatura para la vida, que va a quedar para siempre, hay otros escritores que son contemplativos, y que no van a pasar, la historia es muy cruel, los va a limpiar muy rápido. ¿Cómo dejar un testimonio de lo que ocurre en nuestro mundo?

 

SM: El testimonio hoy en día es el género favorito de las editoriales, la carga testimonial valida una novela su capacidad de cronicar (Como diría Laura Antillano) la vida, Pero yo me atrevería a decir que el verdadero desafío de la escritura es recuperar lo real, pero no la referencialidad de la  crónica, sino la preminencia del presente. Es más complejo, no es tan fácilmente deslindable. Yo he jugado siempre a barrer  los géneros. Para mi, es muy obvio, que todos los mecanismos de representación están agotados, yo no me siento a escribir un cuento, pensando que yo voy a poder  hacerlo como un decálogo de Quiroga. Ya se que es mentira, pero no solamente que es mentira lo que leí en otros libros, y me hace a la vez ser víctima de esos libros, como entendió Cervantes, y sucede con todas las mediaciones. Somos ahora, víctimas del simulacro de esa representación, que pasaba en los libros, que se ha hecho real. Nosotros vivimos dos veces el desengaño, nos toca un doble desengaño, en cuanto a creadores. Las vanguardias aceptaron muchísimo las figuras, los puntos mágicos que daban la representación, en cada uno de los géneros y de las expresiones estéticas que se prepusieran, tanto en la música, como en la pintura, como en la arquitectura, se superaron las formas, y surgieron nuevos formatos, la fotografía, la gráfica masiva, mucho más difíciles de deslindar de ese yo romántico, que era el protagonista, el creador, base de un individualismo terrible, todo eso está en duda. Solamente el hecho que yo pertenezca a un mundo que me informa en segundo a segundo registrando los hechos en vivo, pero la acción mediática global, inmediatamente lo deforma. Por ejemplo, me dicen que están matando a la Bhuto en Pakistán, pero por qué la matan, eso empiezan a montarlo, desde el mismo segundo que suceden los hechos. La cultura que nos envuelve, he allí la gran pregunta, y creo que tenemos la conciencia, ya de lo que nos representa no nos representa, entonces qué es lo qué representa. Esa es la gran pregunta que cualquier creador se hace ante su medio de creación. Un músico que se sienta a escribir, ya no va poder hacer una simple Sinfonía, no solamente porque la vanguardia rompió y propuso otras formas, sino porque él mismo percibe los límites de algo que antes era indudable. El libro pasó de ser un referente casi sagrado, a esto ligero de la novela que vuelve con toda tranquilidad a la verosimilitud de la historia, hoy en día está tan banalizado, que un autor tiene que escribir dos novelas al año, para ser un gran autor, el mercado editorial está absolutamente monopolizado, y el autor es una mercancía  menor de su creación, tenemos que ir contra eso. Esto lo padecemos.

EHD’J: ¿Y los géneros?

SM: No es cuestión de que si todo esto son cuentos, son crónicas, para mi son cuentos. Yo quiero recuperar la acción, y la acción como parte de narrar la memoria. Estos textos me los propongo como cuentos: no como crónicas, no como referentes inmediatos que se agotan en lo real, al contrario, en mis cuentos, el referente inmediato crea un concepto abstracto, apuntan a otra forma de percepción. Son cuentos divertidos, crónicas divertidas o relatos divertidos, o pequeños ensayos divertidos, o pequeños aforismos divertidos, algunos no son pequeños, la brevedad no siempre es una virtud, pero a veces si una iluminación, a veces se da, predomina la imagen, tú ves algo y lo capturas inmediatamente.

EHD’J: Stefania, ya no somos los chamos de los 70 y de los 80. ¿Qué le dices a los jóvenes escritores, qué les propones?

SM: Yo parto del principio que uno no es ejemplo de nada, creo justamente en la condición de escritor. Pero a los 50 años, después de haber tratado un buen tiempo de ser fiel a mi voz, creo que lo que debe hacer un escritor es justamente eso conseguir y respetar su voz propia, y para eso hay que tener mucha libertad, mucha libertad interior, mucho coraje, porque la voz propia a veces desdice al canón literario, y nos es muy escabroso a veces ir contra los prestigios hechos. Respetar la cadencia, por respetar lo que sus ojos ven, no la pretensión literaria, no lo que ven en los otros libros. Para mi particularmente, la parodia es consustancial a la novela. Tenemos una muy fuerte tradición cultural encima, que nos domina, y la mejor manera de liberárnosla, es criticarla a través del humor, esa es mi opción, esa fue la opción que yo conseguí. No puedo decir que este es el camino para todos, pero si me atrevo a afirmar que la voz propia es lo único que puede salvar y perpetuar a un escritor.

EHD’J: ¿Y cómo se llega a la voz propia?

SM: Es una experiencia de vida y es una aptitud. Por ejemplo, en Argentina todos son muy buenos escritores, todos son muy buenos narradores, en Colombia, en Venezuela, todos tenemos herramientas, pertenecemos a una tradición cultural, en donde podemos expresarnos perfectamente dentro de los campos literarios. Sin embargo hay textos que solo significan en nuestro tono, allí es donde debemos reincidir.

Soy una lectora atenta, que vibra y se asombra ante la eficacia de tan pocas palabras. Las mismas palabras: ausencia, feérico, noche, ella, cuerpo, penumbra, ¿nostalgia o miedo?.

Escribir es una cosa que le ocurre a uno, como amar o morir.

 

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