[00] PARÍS

PARÍS

MI AMADA (EN) PARÍS

París es una ciudad que cubre los principios necesarios de la calma aparente, y de los sueños de siempre.  Es donde se sofocan las sirenas y la ilusión se desliza en el silencio. Donde la luna deja verter las profecías y aclara el principio de la deidad y del cuerpo.

 París es la dama única que viaja colgando en su cuello un ángel que la protege. Es la tierra invertida. Se diferencia de las ramas de los árboles, porque es el árbol de la vida y de la creación. La vida convulsionada, los encuentros donde la totalidad es la columna de agua, es el bosque, la fuerza imaginativa, la luz y la claridad del instinto, la firmeza y el dualismo de los sistemas cósmicos. Es la unión del tiempo y la danza de los espacios. Significa la Aurora de los simbolistas. Significa la encrucijada del reflejo, los encuentros en los puentes del Sena. París es el Sagitario perdido, el bello animal lejano en los cuerpos celestes.

París  el amor, se guarda y se marca la esencia de lo profundo, luego resurge señalando los planetas.

 

París es una larga cabellera que se dispersa en el Sena, es la melancolía y la alegría de la condición abrumadora. Los senos de París son vinosos, uno tan libre y en la sombra que se llama Notre Dame, el otro compite fugitivamente la tarde en el Sacre Coeur. Sus piernas el Arco del Triunfo, con los vasos comunicantes que andan de hoja en hoja en Los Campos Elíseos. En París las estatuas ignoran nuestras máscaras y se confunden con las vendedores de legumbres y la sopa de cebolla del boxeador que amó profundamente a Edifh Piaf, en el mercado central. La rue Saint Michel y la rue Saint Germain se cruzan en el Barrio latino, en una esperanza de caminos, en el rumbo tentador de la espera. París no es la espera, es el enigma escandalosamente interior y sorpresivo. Es el pretexto de andar en secreto. El Bosque de Boulogne y de Vincennes florecidos, donde los viejos descansan y los niños corren abriendo los ojos al luminoso cielo de la primavera.

Baudelaire dijo: Amo las nubes/ las nubes que pasan/ allá lejos/ allá lejos, las maravillosas nubes.

Breton: Sólo para que las nubes realmente desfilen ante los ojos, para que aparezcan como puntos suspensivos entre la tierra y el cielo. Porque contemplar una nube desde la tierra es la mejor manera de interrogar nuestro propio destino.

París sigue floreciendo en el romanticismo de Restif de la Bretonne, la emoción de Víctor Hugo y de Marcel Proust, Los Paraísos artificiales de Baudelaire, el Iluminismo de Rimbaud. El Surrealismo de Bretón, el Existencialismo de Sartre, el Nihilismo de Albert Camus, las cartas de amor de Paul Eluard, el Mayo Francés, La Comuna de París.  París es la Sorbona y las Termas de Cluny.

 El sudor de mi amada es el Acueducto de Arcueil. Sus manos Rodin. Su alma religiosa las Iglesias de Saint Germain des Prés y Saint Pierre de Montmartre. Su alma artística Montparnasse, el Museo Delacroix, el Louvre, el Museo de los Impresionistas y el Pompidou. Su voz el Teatro de la Opera. Sus ojos los pintores y poetas. Su mirada que está cerca de las estrellas la Torre Eiffel. Su espíritu el Barrio Latino. Y lo más importante, también su estómago, los numerosos restaurantes que hablan de una cocina desde los 200 años antes de Cristo, cuando los parissi pueblo Galo se estableció en la Cité.

 

Para Adriano González León y Julio Cortazar París es una metáfora: La ciudad de la muchacha inventada y la Rayuela. Baudelaire no cambia su melancolía. Mientras que para Hemingway París era una fiesta, una fiesta de los sentidos y de los largos momentos en el jardín de Luxemburgo. Y Andre Breton esperaba oculto en las calles a su amada, a aquella mujer que le daba citas a la medianoche, para crear en vida y reflexión El amor loco. Para mi la pasión, las formas que están dispuestas a la nostalgia y de la imagen ritual de las empanadas con vegetales que se encuentra en el Barrio Chino. Para Nerval El Desdichado, el aquitano Príncipe de La Torre sombría, es el Puente Nuevo.

París es el acontecimiento. Y tú eres París

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