[73] Gastón BAQUERO MANOS

 Gastón BAQUERO

MANOS

 

 

¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?

                    Te pregunto otra vez.

Vicente Huidobro

 

Me gustaría cortarte las manos con un serrucho de

oro.

O quizás fuera mejor dejarte las manos en su sitio

Y rodearte todo el cuerpo con una muralla de ce-

mento,

Con sólo dos agujeros precisos

Para que ellos sacases las manos a que aleteasen,

Como palomas o como prisioneros de un rey impla-

cable.

 

Tus manos estarían bien guisadas con tiernos espá-

rragos,

Doradas lentamente al horno de la devoción y del

homenaje;

Tus manos servidas por doncellas de cofias verdes,

Trinchadas por Trimalción con tenedores de zafiro.

Porque después de todo hay que anticiparse a la

destrucción,

Destruyendo a nuestro gusto cuanto amamos:

Y si tus manos son lo más hermoso de tu cuerpo,

¿Por qué habíamos de dejar que pereciesen enveje-

cidas,

Sarmentosas ya, horripilantes manos de anciano gene-

ral o magistrado?

 

 

Procedamos a tiempo, y con cautela: un fino polvo de

azafrán,

Unas cucharaditas de aceites de la Arabia perfumante,

Y el fuego, el fuego santificador, el fuego que

perpetúa la belleza.

Y luego tus manos hermosísimas ya rescatadas para

siempre,

Empanizadas y olorosas al tibio jerez de las cocinas:

¡Comamos y salvemos de la muerte, comamos y

cantemos¡

 

¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos? Creo

que sí.

Por eso te suplico pases por el verdugo mañana a las

seis en punto,

Y dejes que te cercene las manos prodigiosas: salvadas

quedarán,

Habrá para ellas un altar, y nos reiremos, nos reiremos

a coro,

De la cólera inútil de los dioses.

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