[70] William OSPINA

William OSPINA

poemas

 Poeta invitado al 9no Festival Mundial de Poesía de Venezuela

17 al 23 de junio

 

 


EL AMOR DE LOS HIJOS DEL AGUILA

 

En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón

del pájaro.

En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.

En torno del hocico del venado ya tiemblan,

invisibles, las ondas del estanque.

En mis labios ya están, invisibles, tus labios.

 


EL JEFE SIOUX

 

Los seres de la tierra son el aire y el mar y las

llanuras incansables,

y el río tumultuoso que desciende, lleno de ojos y

aletas,

y las arduas montañas con cumbres coronadas de

voces,

y ese enardecido señor de luz que murmura en la

hoguera.

 

Hemos venido un día para verlos.

¿Cómo podría la chispa ser la dueña del fuego?

 

Un día para verlos…

 

Giro del aire verde en la arboleda,

bordes de cascabel del mar inmenso,

luz del atardecer en cada hierba, en las brillantes

antenas de la hormiga,

agua incesante y viva cuyas escamas son fragmentos

del cielo,

altos riscos con flores donde se rasgan los vientos

violentos,

y en la noche, en el tronco que arde junto al mar, la

cabellera de las chispas.

 

¿Cómo puede ser mía la llanura?

Ella es la dueña de mi rumbo y mis huesos.

Ella es la realidad que permanece, y danzas en su

pecho los alegres fantasmas.

 

Un día de altas magias para ver

las altas construcciones del viento,

los indecisos ciervos del cielo,

los bisontes que se deshacen en largos peces,

y el amor de ojos de vino temblando junto a los ríos

más temibles,

y los íntimos bosques susurrantes de enigmas.

 

Ven, y humedece tus pupilas en este mar distante,

piensa en los rumbos de tu mente mirando la víbora

sutil en la que no hay nada maligno,

pide permiso al manantial para beber de sus aguas

tranquilas,

y canta tu gratitud a solas, cuando cabalgues

buscando las moras silvestres.

 

Es de noche, encendamos fogatas en las cumbres,

pronto va a terminar este relámpago

y aún no han acabado de decirnos todos sus hondos

recuerdos

la piedra y las estrellas.

 

 

EN LAS MESETAS DEL VAUPÉS

 

Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar

quietos.

Qué son los postes de colores sino los árboles

hundiendo sus raíces en el cielo.

Qué son los puentes colgantes sino los árboles

jugando con el vértigo.

Qué son las alegres fogatas sino los árboles contando

su último secreto.

 

Follaje de las ondas que va quedando atrás con el

golpe del remo.

Follaje de sonidos que en torno de los postes

enardece al guerrero.

Follaje de invisibles caminos que comienza en el

confin del puente.

Follaje de humaredas que ascienden en desorden

entre las titilantes orquídeas.

 

Con granadillo hice el bastón para espantar a los

malos espíritus.

Con la madera del caobo hice las cuentas de un

collar para tu pecho oscuro

Con fruto seco del tekiba hice la copa en la que le

ofreciste el agua.

Con la madera del laurel hice esta flecha.


 

 

EN UNA TIENDA DAKOTA

 

La enorme luna blanca está tan cerca del horizonte

que las hierbas se inclinan,

y el bisonte se duerme en un incendio frío bajo los

invertidos desiertos,

y el grito del amor podría quebrar este cristal y

esparcir sobre el mundo

informes monumentos de jade blanco y grandes

rocas del color de las perlas.

 

La tibia la joven la firme doncella se interna en el

país de la sangre fértil,

yo soy el bendecido por la miel de sus brazos en la

penumbra,

y una sección rasgada en la piel de la tienda deja ver

la maciza blancura,

el fulgor que sostiene en el cielo la continuidad de

este sueño.

 

Abrázame que vienen las grandes paredes de hielo,

bésame para que una sombra de labios me salve en la

sequía

ámame para que mañana una antorcha disperse a los

lobos,

canta o reza en mi oído después del amor para que

en la luna no se sequen los ríos.

 

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