[60] Hugo ZAPATA

RISOTTO AL CHOCOLATE COMO LE GUSTA AL ESCULTOR ANTIOQUEÑO HUGO ZAPATA
Enrique Hernández-D’Jesús

Mirado de muchas maneras, comido de todas, es un afrodisíaco, un delirante y conquistador negro, es una negra con su grupo de coristas, cantando —Me gusta mi chocolate, me gusta menearlo así, que sea lo que dios quiera, virgen Santísima, virgen de los azabaches—. Sueños líquidos, sueños tostados, así como las angelitas negras. El chocolate ha sido considerado, como uno de los bienes terrenales de los hombres, y las mujeres de Chuao y Choroní también lo bailan. Baila negrita y si no lo hace prepara el chocolate, convirtiéndose en una irresistible tentación para la fiesta, el paladar y la vida. Es la substancia estimulante, lleva en su interior la theobromina, alegrando, levantando el ánimo, encendiendo las ánimas y creando estados particulares sobre todo en los que son depresivos. La poeta Miyó Vestrini, lo decía: —un pedazo de chocolate levanta al más dormido, levanta el colesterol y los triglicéridos—. Nuestro punto de encuentro no es lo que ocasione como daño, sino lo que produzca como placer; así lo pensaron los Aztecas, quienes consideraban que el cacao era un alimento de los dioses, y muchos dioses y diosas como Louis Armstrong, Samis Davis Jr., Bessie Smith, King Oliver Ronaldo, Luis Camilo Guevara, Charlie Parker, La Negra Matea, Ted Joans, El Negro Felipe, Yari, Thelonius Monk, Gastón Baquero, Pedro Parayma, la Negra Maggi, Pelé, han sido grandes admiradores del chocolate, de las negras y de los negros con avellanas.

Mi amigo el escultor antioqueño Hugo Zapata, maneja poéticamente el arte en el paisaje, los espejos estelares, las rocas, las pizarras, y es un ojo de agua. Las piedras rotan. Llamadas lutitas, se forman cunas, se mueven y tienen la vida creada con las manos, volviendo a las formas lenticulares de la cordillera andina. La piedra es como la perla cuando se apropia de algo, se apropia del miedo que produce su esplendor. Una naranja madura llena de óxidos. Millones de años que aparecen con sus formas, danzas, gotas de agua en el fósil, abrazándose, en millones de años incrustados y pulidas por el tiempo. Cuando Zapata las comienza a despintar, las va creando. —Ver llover no me conmueve, sin embargo encuentro en una piedra, en el objeto escultórico un baile—. Al orientador estelar, le pregunté en una Feria Internacional del Barro en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, si él conocía algo más rico que el sexo de la mujer, Hugo Zapata en el propio sendero del agua respondió que sí. Me quedé sorprendido esperando su respuesta contundente para ver de qué se trataba. —Pues mire poeta, mejor que un sexo, dos, y uno con una taza de chocolate, y el otro con un risotto de chocolate—. Así que estemos claros, la imaginación no sólo pertenece a los pisos de batolito, ni a los marcos de hierro, ni a las pilas, ni a las arcas. Se mantiene con sus ritos, y pasa por los pórticos dando vueltas en el cielo, orientándonos las nubes y los pájaros, originando cintas, cotas ordenadas para llegar al mar y reunirse en el camino con los bosques de yarumos creados por el maestro Zapata.


LOS INGREDIENTES

100 gramos de Chocolate en polvo, 200 gramos de Arroz, 2 Pimentones rojos, 1 Pimiento Picante, 50 gramos de Mantequilla de Maní, 100 gramos de Crema de Leche, un pequeño manojo de Perejil, Cilantro, Yerbabuena y Cebollín, 3 Cebollas rojas, 3 dientes de Ajos, 3 lajitas de Jengibre, 100 gramos de Nueces, 100 gramos de Avellanas.
LA PREPARACIÓN

Sofría en la mantequilla de maní las tres cebollas rojas, los tres dientes de ajos, las tres lajitas de jengibre, los dos pimentones rojos y el pimiento picante cortados en cuadritos. Cuando se aglutinen en el aspecto creativo y su mirada pueda conformar un caleidoscopio, a partir de los colores vivos que se pasean en la mantequilla caliente, colores salteados en la plenitud de su destino, es cuando agrega en el vacío de los bordes el arroz. Menea, hasta convertir la imagen en formas que tengan la capacidad de conmover. Cuando eso suceda sigue moviendo el arroz y agrega la doble cantidad de agua y el pequeño manojo de perejil, cilantro, yerbabuena y cebollín seccionados, lo mismo que las avellanas separadas en cuatro partes y las nueces en siete.
En el tiempo el hervor florece, agrega lo preparado así:

Aparte ha diluido en la crema de leche el chocolate, lo ha batido hasta ver una substancia profunda, una crema amorosa, así es como la incorpora y sigue moviendo el arroz, ya ennegrecido, ya ligado al sabor de todos los ingredientes; se sirve cuando el grano esté al dente, se come ardoroso.

Y no puede dejar de acompañarlo con un vino MontGras Ninquén (Premium Chilean Red Wine), de un color rojo rubí. Su permanencia en robles le profundiza sus aromas de guindas maduras y ciruelas.

 

EL SABER DEL GUSTO PARA HUGO ZAPATA

algo cerca
que me ama
y me busca
y ríe ciego

 

Comments are closed.