[49] Fernando ARBELÁEZ

Fernando ARBELÁEZ
EN LA SOMBRA DE LA ESFERA
Enrique Hernández-D’Jesús

a Catheryue, quien quiere conocer al poeta

El poeta  colombiano Fernando Arbeláez, estuvo
relacionado con Venezuela por muchos años a través del poeta
Juan Sánchez Peláez. Publicó sus textos en Imagen desde la
primera época. En la Revista Nacional de Cultura, En las
Ediciones Poesía de Venezuela dirigida por Pascual Venegas
Filardo en 1965 publicó CANTO LLANO: Son muy pocas las
palabras que sé/ muy pocos/ los nombres que puedo decir/
claramente… Apenas/ conozco el comienzo de un celeste
abecedario:/ Ave, Mano, Promesa, no sé muy bien…/ Quizás
apenas un sueño/ y pienso en un perfume/ o en alguna ventana
del océano.

Pocos días antes de morir Vicente Gerbasi, lo visitamos
acompañado del poeta Arbeláez y Fernando Charry Lara. Gerbasi
realizó uno de sus últimos dibujos, un retrato del poeta colombiano y
escribió:
Fernando Arbeláez fraternal poeta, su amigo (2-12-91)

Trescientos ojos miran
una oruga
que va por los senderos de una hoja,
así pasan las horas de la vida
en el follaje oscuro de la muerte

 

 

POEMAS DE EXILIO y EL PINCEL SOBRE LA TELA,
libros de Fernando Arbeláez que han marcado un espacio
fundacional en la poesía colombiana y latinoamericana, una
lucidez de la imagen y un carácter intenso de la explosión poética:
Litigio y rebeldía de la carne/ cuan agradecidos debemos estar/
con la vida/ por habernos escogido./ Frescor y espuma/ en los
labios del alba/ la persecución de una sombra/ nueva./ Vivimos
en un espacio/ de sustituciones/ el verbo/ no importa donde/ fuera
del mundo. / El poeta lo sabía de antemano/ terminaremos
abatidos/ por las Furias.

 

 

Fernando Arbeláez se destacó como poeta, y su trabajo de
ensayista en traducciones y al estudio de los poetas Saint-John
Perse, Rilke, Eliot, los poetas japoneses. Trabajó a Neruda y
García Lorca. Estos ensayos fueron recogidos en un libro que el
poeta llamó “Testigos de Nuestro Tiempo”. Arbeláez se dedicó,
también, al estudio de la ciencia numerológica, de la esoteria, de
los secretos y del conocimiento histórico, publicó varios libros:
CLAVES PARA EL I CHING, una versión muy personal, o como
él llamaba una lectura diferente, también, sobre EL TAROT, así
como su versión del libro de Sun Wu EL ARTE DE LA GUERRA
DEL MAESTRO SUN TZU, y con el nombre de Charles de Sybila
TU VIDA Y LA MAGIA DE LOS NÚMEROS.

En una oportunidad que estuve en su casa en Santafé de
Bogotá me regaló un manuscrito de R. H. Moreno-Durán EN LOS
DOMINIOS DE UN CELESTE ABECEDARIO, en donde la
reflexión y el acercamiento profundo sobre un poema de
Fernando Arbeláez nos servirá para comprender más a este poeta
colombiano, muy nuestro.

 

 

EN EL PALACIO IMPERIAL DE BOGOTÁ
BUEY A LA BORGOÑESA
A LA MANERA DE FERNANDO ARBELÁEZ

 

Ingredientes y preparación:

Se sofríen en una sartén grande y adecuada los pedacitos de
1 kilo y medio de carne dura, cortados en cuadritos en forma de
golpe de dados, en aceite de soya muy caliente, para que no se le
salga el jugo a la carne y no se le escape el fervor que siente por
la poesía cuando se abre la botella de vino chileno parecido a
Rosamel del Valle y a Gonzalo Rojas.
Se sofríen los pedazos de carne fríos, recién sacados de la
nevera, para que se integren mejor en el aceite y queden como la
leche de la sangre amada.
Los pedazos ya cocinados se lanzan a una olla apetitosa y le
agrega una botella de vino Maipo Tinto de la cosecha de 1989 (en
su etiqueta dice: “El exceso de alcohol es perjudicial para la
salud). Importaciones Colombia Ltda. de Bucaramanga.
Sal al gusto.
Una lata de puré de tomate de 180 gramos.
Elimina de la sartén el aceite y agrega poco a poco, el kilo
de tocino picado en cuadritos. Hasta que doren sus cueros. Y los
va juntando a la cama de seducción, a la cama de pedazos de
carne, de carne enamorada, de carne que se cubre en el lecho, que
se tapa el cuerpo por pudor.
Fue Marco Polo quien trajo de la china el secreto para que
el tocino botara la grasa.
Y vienen las hojas de laurel.
-Mallarme era un hombre muy extraño, pensaba antes de
hablar- decía Valery.
Y mientras este cocimiento se hace, el poeta llama a la
amada. Y al otro lado le responden -que ha salido a pasear-. Sigue
la olla en el fuego. Busca un texto de Rimbaud, y recuerda que
nada nuevo se ha dicho de él. Y trata de decirlo todo en cuatro
páginas. Y las escribió, y las publicó en El Espectador.

Y Rimbaud lo dijo muy claro:

“No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios.
Quiero la libertad en la salvación: ¿cómo alcanzarla? Los
gustos frívolos me han abandonado. Ya no necesito ni abnegación
ni amor divino. No echo de menos el siglo de los corazones
sensibles. Cada uno tiene su razón, su desprecio, su caridad: yo
conservo mi sitio en la cumbre de esta angelical escala de buen
sentido.”

Le incorpora a la olla una botella de vino, recomendado por
las papilas de Neruda, Ochavagia de 1988.
Escucha el teléfono y es la llamada de la amada para decirle
que su divina persona había estado en la casa y llevó de regalo un
gancho para colgar los tapices de Abisinia. Y el poeta le agradece
mucho que lo despierte al otro día como a las nueve. Y regresa de
nuevo a la cocina y piensa cómo se sintió Laurence de Arabia,
siendo soldado normal en el ejercito hindú: Un Unicornio en una
pesebrera. Han pasado dos horas.

 

 

 


Ahora agréguele a la olla los otros ingredientes:

¼ de taza de aceite de oliva
4 cucharadas de harina disueltas en un poco de caldo
3 frascos pequeños de cebollitas.
Tapa la olla y la mete por tres horas al horno, a unos 300
grados.
Sale de la cocina y llama por teléfono a la amada, le lee:

“(…) en la última veta del sabor.
Espíritu ebrio
altanero color
Manto botánico y nube
que se desploma
orquídea
ríos de marfil
aliento
y tu gusto de selva. (…)”

Después sentirá que los Budas, las lámparas de Art
Nouveau, los muebles chinos, la mecedora americana que copiará
su sobrino alemán. Y también el cuadro sobre el caballete
antiguo, donde la Angelita desnuda, con las alas amarillas,
cubiertas las puntas con plumas de oro de loro y guacamayos,
pisando una culebra con cabeza de maraca. La Angelita desea y
desea amor, con ojos perversos, ella la Angelita lo sabe.

En las fotografías están Rilke, Borges, Eliot, Kafka,
Baudelaire, Santa Teresa D’Jesús, y danzan con la música
interpretada por las esculturas de Monet, la violinista y la
clarinetista. Las cabras sonríen y sus cuernos se enredan en los
parabanes, con los caballos, con los jarrones chinos. Las peceras,
jarras, frascos, mesas, las alfombras persas, o dicho por Li Den:
Es El Palacio Chino de Bogotá.

 

 

Y del libro POEMAS DE EXILIO, lee:

XVIII

¿Cómo escapar los límites
del sentido?
Cierro los ojos
y anticipo el gusto del vértigo
la cifra inicial
de lo viviente.
Al alcance de la mano
tengo el cielo y el infierno
tu rostro huracanado
con todas las aclamaciones del día.”

Saca del horno, después de tres horas la olla. La deja
reposando hasta que lo despierten al otro día. Le agrega: tomillo,
estragón, una taza de agua, ajo en crema, y 1 kilo de champiñones
naturales, cortados por la mitad y cocinados por muy poco tiempo
al vapor, así botan el amargo oculto. Mezclar suavemente.

Acompaña este plato con un arroz blanco.

Ensalada de hojas verdes con mandarina y moras pequeñas
del bosque, con una vinagreta, que funcione como El Pincel sobre
la Seda.
Llegan los amigos: Fernando Charry Lara, Oscar Collazos y Belén
Rojas. Se sirve. El poeta Arbeláez, acompañado de su amada, saca
los platos chinos de la Dinastía Fer Nan, los cubiertos de plata
bañados de plumas de pájaros, copas de vino. Después a la mesa.
Esto pasó la tarde del 17 de agosto en Bogotá. Terminaba el I
ENCUENTRO HISPANOAMERICANO DE POESÍA DE FIN DE
SIGLO, hace 20 años.

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