[45] Hesnor RIVERA

Hesnor RIVERA

SILVIA
Las mujeres que me amaron
De seguro han muerto.
Ellas pertenecían a una raza distinta.
La atmósfera de llama necesaria a sus cuerpos
Desapareció una noche con los astros.
Y sólo pueden ahora reposar sus cabelleras
Sobre la ilusión de resplandor sagrado
Que es la lejanía.

En el tiempo del sol
Yo podía reconocerlas
Por el solo movimiento de sus sombras.
Entonces me invadía el ímpetu
De correr descalzo sobre el agua transparente.

Y eras tú, Silvia
-nada más que tu mirada mágica-
Quien lograba abrillantar la arena
Donde me tendía para huir de la noche.
Eras tú quien al pasar hacía
Recobrar su juventud llameante a cada parque.
Y al abandonarnos al embrujo de las calles más altas,
Frente a las ventanas oscuras,
Eras tú quien invocaba y ponía a nuestros pies
Los habitantes de la sombra.
Una noche enterraste en el césped una perla.
Fue en homenaje a los hermosos días de diciembre.

Y cuando percibiste la presencia
De los vagabundos que espiaban nuestra ofrenda,
Postergaste el nacimiento del árbol que nos uniría.
Desvaneciste la posible rosa,
Cuyo aroma igualaría en peso
Y consistencia a nuestra sangre.


Porque a partir de entonces
-a partir de aquel gesto-,
Tú me hubieras ayudado a salvar
Esta doble apariencia que nos aprisiona.
Este doble llamado que nos requiere a un tiempo
Y nos deja inmóviles en el mundo vacío de sus diferencias.

Después vi en tu rostro por primera vez el llanto.
vi en tus manos las piedras que arrojaste a la noche
¡el mundo estaba solo!
Me hablaste de los seres desaparecidos.
De los mares desaparecidos.
De ciertas estrellas como única mansión
En donde muerte y vida, amor y odio
Eran hechos que lograban apenas amenizar la caída
De una tarde.

Y fuimos desde entonces fantasmas
-nada más que fantasmas-,

Tú me amaste, Silvia
Yo amé en ti
El desafío a la sombra que se antepone al bosque.
El desafío al bosque que se antepone al cielo.
Nos amamos t era allí en el amor donde comenzaría
Esta desaparición que nos anula.

El amor en mis manos es una fuerza que distancia
Las cosas que acaricia.
Tú habrás desaparecido. Estarás en tu raza,
En tu astro donde sopla la llama.

Sin embargo sé que existes aún. Sé que existes.
He vuelto a contemplar los árboles.
A palpar las flores.
He caminado mucho porque un día,
Lo sé bien –en un mar que no conozco,
En la gran lejanía hecha como está de arena azul,
De pequeñas piedras y frutos que han caído-,
En un amanecer fuera de tiempo
He de verte,

He de oírte cantar desde tu vida.

Sé que existes.Y un día serás tú Silvia,
-nada más que tu mirada mágica-

Quien logre abrillantar la arena dolorosa que me hago,
Quien haga recobrar su juventud llameante
Al parque más antiguo del mundo que ahora soy.
De lo contrario sabrás que soy del mundo
Y habré de maldecirte y estaré llorando,
Porque el odio me entregará a la noche que me llama
Para nutrir conmigo sus túneles hambrientos

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