[43] Jorge BOCCANERA

Cincuenta años atrás surgía
“El techo de la ballena”
Jorge Boccanera

Hace exactamente medio siglo que, en los agitados años 60,
artistas plásticos, narradores y poetas formaban en Venezuela el
grupo “El Techo de la Ballena”, considerado por la crítica como
la irrupción artístico-literaria más radical entre las gestualidades
iconoclastas de la época.

El grupo, fundado en 1961, estaba integrado, entre otros, por los
poetas Francisco Pérez Perdomo, Juan Calzadilla, Edmundo
Aray, Caupolicán Ovalles, el pintor Carlos Contramaestre y los
narradores Adriano González León, Salvador Garmendia y
Efraín Hurtado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Pérez Perdomo                                                                  Salvador Garmendia

Su aparición va en consonancia con la circunstancia política
local: la caída de la dictadura militar de Marco Pérez Jiménez en
1958 y el posterior ascenso al poder de Rómulo Betancour y su
gobierno represivo que tiraría por la borda las ilusiones de
cambio de los diversos sectores que habían luchado por la
restitución de la democracia.

 

 

Edmundo Aray

 

“El Techo de la Ballena” surgió como desprendimiento del
grupo “Sardio”, de gran actividad entre 1958 y 1961, debido a la
nueva y convulsa situación social que vivía Venezuela en esos
años, y la reformulación de un accionar político que tomará
caminos diversos, incluso el de la lucha armada.

 

 

Efraín Hurtado

Paralelamente a esta insurgencia, aparece la rebeldía estético-
literaria de “El Techo…” con una gestualidad de provocación
expresada a través de exposiciones, publicaciones, manifiestos,
catálogos y libros.

El poeta argentino Juan Antonio Vasco caracterizó esa irrupción
como “el momento de protesta más activo de América Latina, el
más eficaz, el más arriesgado, el que puso en juego mayor
variedad de medios y el que llevó su acción hasta las
consecuencias más extensas dentro del campo en que se
desempeñó, fiel a uno de sus lemas: Cambiar la vida,
transformar la sociedad”.

Domiciliado en Venezuela en esos años e integrante del grupo,
Vasco contaba con antecedentes de peso: haber integrado en
Argentina el grupo surrealista que comandaba el poeta Aldo
Pellegrini, junto a las voces de Enrique Molina, Francisco
Madariaga y Carlos Latorre.

 

 

 

 

Enrique Molina                                                                              Francisco Madariaga

 

El grupo que Vasco veía como algo inédito en los países de
lengua española, con expresiones que buscaban afirmar la vida,
el amor y la libertad, y que rechazaban un arte encuadrado en el
realismo socialista, enlaza en sus escritos al humor negro del
Dada con la oralidad de la beat generación.

Experiencias similares se darán en los 60 en otros puntos de
América Latina: la generación “mufada” en Argentina, el
nadaísmo colombiano, los tzánzicos en Ecuador, el grupo “La
Espiga Amotinada” en México; es un tiempo de poetas lanzados
a la lucha política y asesinados: el peruano Javier Heraud, el
guatemalteco
Otto René Castillo, el nicaragüense Edwin Castro y el brasileño
Carlos Marighella.

Así es como el grupo “El Techo…se inscribe en un cuadro de
época marcado por lo insurreccional y la contracultura; sus
poetas participarán en el Congreso Americano de Solidaridad
Poética organizado en México por las revistas locales El Corno
Emplumado y El Pájaro Cascabel y la argentina Eco
contemporáneo.

En Venezuela el gobierno de Betancour va mostrando su
verdadera cara: disuelve a los partidos políticos, allana
periódicos y locales de la oposición; sólo en octubre de 1960 la
represión deja un saldo de 35 víctimas fatales y cientos de
heridos y detenidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Contramaestre

 

En 1962 el grupo está en su apogeo: Carlos Contramaestre
presenta su exposición “Homenaje a la necrofilia”, Juan
Calzadilla publica su libro “Dictado por la Jauría” y Caupolicán
Ovalles, un abierto alegato contra Betancour. “¿Duerme usted,
señor Presidente?”.

 

 

 


Caupolicán Ovalles                                                                   Juan Calzadilla

En un tramo del extenso poema de Ovalles, de lenguaje
vociferante, dice: “El Presidente vive gozando en su palacio,/
come más que todos los nacionales juntos… es un perro que
manda,/ es un perro que obedece a sus amos,/ es un perro que
menea la cola,/ es un perro que lame las botas”.

 

 

 

 

Adriano González León

 

Las consecuencias serán inmediatas: la persecución policial a
Ovalles y González León (autor del prólogo del libro) los lleva
al exilio y es clausurada la exposición “Homenaje a la
necrofilia” de Contramaestre.

Posteriormente el pintor y escultor ballenero Daniel González,
diagramador de la revista del grupo, será encarcelado y
requisadas las publicaciones balleneras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Daniel González

Hasta la aparición de “El Techo…”, las innovaciones de la
vanguardia en Venezuela se habían reducido a una franja
exigua: un número de la revista Válvula en 1928 y, un año
después un libro capital de José Antonio Ramos Sucre: “El cielo
de esmalte”.

Habría que esperar hasta los años 50, precisa, “para que una voz
sustancial como la de Juan Sánchez Peláez iniciara con “Elena y
los elementos” un camino de búsqueda formal cercana al
surrealismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Juan Sánchez Peláez

El crítico uruguayo Ángel Rama, ha subrayado en su ensayo el
“espíritu anárquico” del grupo, “su voluntaria agresividad
pública, haciendo de la provocación `un instrumento de
investigación humana`”.

Su literatura, afirma, “nunca es testimonial y siempre es
combativa, prefiere la poesía o el texto breve en prosa, el
manifiesto o el artículo de circunstancias, unifica las letras y las
artes y no se plantea la exigencia historicista ni la permanencia
de sus creaciones, sino su efectividad, su capacidad de agredir y
de soliviantar la estructura cultural vigente.

Tono coloquial, atmósferas oníricas, imágenes fulgurantes,
búsquedas tipográficas y poemas-panfletos son algunos de los
elementos con los cuales los poetas del grupo arman sus
collages; asimismo fueron de impacto social sus exposiciones
“Homenaje a la cursilería” y su texto anticlerical “Para aplastar
el infinito”.

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