[38] ¿QUÉ EXTRAÑO?

¿QUÉ EXTRAÑO?

Enrique Hernández-D’Jesús

a Catheryue

¿Qué extraño? ese gesto permanente de agarrar el queso y partirlo, picarlo, trocearlo con las manos. ¿Por qué no con los cuchillos? Será que estoy en la hora de las tinieblas, o no estoy ni en el momento ni en el lugar justo. Sigo, y como queso, y me gusta, Y me doy cuenta que soy un quesovernícola. En mi cavernario partíamos el queso con las manos. Eran quesos más duros, más envejecidos, no eran tan frescos y nuevos como los de ahora.
En mi cavernario tenían un depósito especial para los quesos. No se conocía el cuchillo para picar quesos, menos la navaja, ninguna canción o poema que se refiriera a estos instrumentos, ni a la cuchilla, ni de sus filosos deseos de penetrar, de cortar. Nunca nos hablaron de los cortaplumas ni de los bisturíes. Picábamos el queso con las manos.

 

 

No pasaba lo mismo con la manzana, uno se la comía sin tener que cortarla con un machete. La manzana perversa, la manzana de la tentación la tomábamos con nuestras extremidades. Es muy extraño que no estuviésemos advertidos de que el techo de nuestra cabeza se nos iba a caer si comíamos la manzana, la maldita y bendita manzana.


En el paraíso no se utilizaban los cuchillos. La importancia radicaba en las cuevas, en la filosofía peligrosa y agradable de los escalpelos y de los trinchetes. Aparte de que para nada sirvió andar como angelitos, como angelotes en el Paraíso. De nada sirvieron nuestros purísimos vuelos. Nada se remedió en los bosques, Útil era la culebra, la pasión de la gitanería. Entre culebra y culebra éramos unos rebeldes sin causa. Adán se arriesgó y él inició la costumbre de comer el queso con las manos.

 

 

 

 

En los acontecimientos de La Ultima Cena, Jesús picó el pan con las manos, convirtió la harina en hostia. Y en la penumbra de su crónica levantó el cáliz, y como regalo a sus discípulos los invitó a comer queso y lo cortó con las manos. Era el Milagro de la Resurrección, el milagro de los conceptos planteados cada uno con su sentido, cada uno con su explicación. Jesús era un cronista y eso no lo desvalorizaba para nada. El milagro del queso cortado con la mano era voluptuoso y sensual, la alevosía de Judas condenaba para siempre su pedazo de queso hendido con cuchillo.

 

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