[35] EL POETA BRINCA SU CORAZÓN

EL POETA BRINCA SU CORAZÓN
Enrique Hernández-D’Jesús

 

 

 

 

El cielo brinca y la noche se enternece. Los poetas deciden crearle un cuerpo a los astros, a la luna caliente de una ciudad. Hablan a la ciudad, y se creen ciudadanos del conflicto, del alma y la dificultad en cuerpo y en sueño. Ser el amado. Cree ser el amado. La tiniebla y lo que el poeta piensa sobre la posibilidad de la existencia. ¿Existe una posibilidad de la existencia? Un elefante es gris lo dice David Huerta hablando sobre ellos y los poetas, en su poema LOS IDOLOS Y LAS PASIONES:

¿Quién es nosotros? Nadie, nadie es nosotros, o por el contrario,/ cada uno es nosotros y cada uno es muchos nosotros. En ese oleaje, ese enorme rizo,/ están pescándonos los ídolos y las pasiones, nos están tomando las medidas para la mortaja, están mordiendo/ el guiso que sin cesar les preparamos con nuestras creencias.

Tendremos sentido del gusto, tendrá sentido la verdad. Cuando un poeta habla con la verdad miente. -Conocí un argentino de Salta que mentía- me contó Saul Yurkievich. El habla de los picamedias, de los mediaspicas. Habla en su poema VUELTA:

vuelta a afilar el bisturí/ a sacar punta al tenedor/ a aguzar el punzón/ vuelta a destripar
a tantear a trastornar/ destartaladamente

Conocí el sueño de Borges, no estaba en la esquina rosada. Un poeta habla de lo que conoce y no conoce. Un poeta se deja seducir, se deja cautivar, se deja penetrar, se deja amar, pero también se deja odiar. Cautiva para que lo odien.! ¡Hártense de poesía! en el decir del poeta Valera Mora. Yo me harto, ellos se hartan, nosotros nos hartamos. Al final la existencia se cansa (se ahorca, se corta las venas y suspira). Suspiró, Enrique González Martínez, en sus virtudes de solitario.

Tuércele el cuello al cisne:

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.


Neblina que brota desde la lejanía. Imaginémonos que Bogotá es la clara figura, así como lo es París, lo es Ciudad de México, lo es el mundo en redondo. Yo siempre me he imaginado que el mundo en redondo siempre ha sido mudo. Mudo soy yo que pienso eso. Y si un poeta dice que gasta una estampilla para escribir una carta de amor, no es la carta de amor que Pessoa pensó que era cursi. No es la carta de amor que siendo cursi venía con su declaración directa. Yo no hablo de las cartas de amor, porque para un poeta es muy difícil escribir cartas de amor. Escribe cartas donde los hechos son relucientes y trágicos, escribe cartas donde el ser reposa en una historia de amor, o talla el símbolo del secreto.

Los poetas tallan símbolos y no tallan símbolos. Pueden crear una misma carta de amor para un viaje, o para un tiempo desgarbado. Pueden crear la misma carta de amor para un poeta que pierde el centelleo en sus ojos, o para un animal de costumbre como dice Juan Sánchez Peláez. La propia palabra. -El poeta habla y explica la poesía. No existe un poeta que no hable de la poesía- exclamaba Affonso Romano. Y yo que me siento Nadaísta, que hablo del Nadaísmo como cosa mía, como esencia que me pertenece, tan campantemente, desde hace años, que era cuando yo tenía once años. Y siempre lo entendí en Jaime Jaramillo Escobar:

Si nos entretenemos en el juego, mientras estemos jugando no podré decirte nada que te hiera, porque las leyes del juego obligan a los jugadores por igual

¿Seré también un desaparecido? O estaremos dentro del Meta pescado divirtiéndonos, formando parte de la angustia de la médula ósea, del cartílago menor, o de la barriga primaveral y sudorosa.
En Ramón Palomares es así:

No bastan los ejercicios de esta adorada ribera,
se escuchan por el monte los terribles lobos.
No basta la contemplación:
Perseguidos, como la flor astromelia
igualmente asesinada.


Una planicie crecida del mito de la madre, del mito de la mismísima madre como lo es para Nancy Morejón.
Madre hay una y me tocó a mí dice un graffiti al voltear de mi cuadra. Los poetas aprenden alemán y no pronuncian una sola palabra. Si estudiaran las cartas de amor de Bolívar, la cara de Bolívar sería diferente. La utopía pía los sentimientos, pilla la arrogancia, el ego, los pies descalzos, semiperdidos en el semifreddo amoroso del amor en vano. En recados de Cintio Vitier:
Las cartas no llegadas,/ y aquellas que se hicieron perdidizas/ y por siempre olvidadas,/ son las que con las brisas/ hasta mi casa llegan, recatadas.

El fantasma del poeta está en su cuerpo, en su pequeña cabeza, en su logrado intento de morir. El poeta debe morir, debe morir siempre. Y por supuesto luego existe.
Lo que más hace sufrir al poeta en sus relaciones con el mundo es la falta de justicia interna. Las palabras son de René Char en la fragilidad donde nada en el verdadero vacío, donde se anuncia condenado, ocupando lo irreparable, en los confines del alma que es su peor delito, y es el peor crimen en los enjambres temblorosos.
El tiempo va con la vida. Lo sigo viendo en un texto que le dediqué a Carlos Contramaestre, en un catálogo de fotografía:

 

DESDE LA LÍNEA DEL CORAZÓN Y DEL OJO

La primera línea es saber que estamos en las mismas. En las mismas como Dios, joder, quiere que estemos. La tristeza es más grande que un árbol de pájaros. Como bien lo dice Paul Celan Nosotros/ no sabemos, sabes,/ nosotros no sabemos/ qué es/ lo válido. Lo válido y lo no válido. No sabemos nada. La vida se nos pone por delante con todos los tropiezos y todas las locuras, parecieran más bien estar hermanadas. Así lo están. Somos el sueño ininterrumpido del territorio imaginario. Estamos tocados por las estrellas, pero perdidos en el horizonte, perdidos en esa rajadura que se convierte en camino, nos acerca a lo desconocido. No nos deja de asombrar en cada momento. En fin, estamos predestinados al sufrimiento. A los temores, a las dudas, a las incertidumbres. ¿Cómo escapar de esta realidad? O será que vendrán tiempos mejores como dice la Biblia. No hay otro escape sino estar aullando. Aullando como aulló el Chino Valera. A nivel siempre de la visión romántica, y no callándole la turbiedad al alma.

Llega la mirada, enloquece y sale por la ventana. Encuentra la ceniza y al débil sol. Busca fuerzas, pelea contra nosotros mismos. Es la costumbre. Calmarla ni detenerla. Estamos solos. Es la soledad. Hölderlin meditaba: Al amado por los dioses le serán concedidos gran alegría y dolor. No podemos silenciar lo que hay en nuestros corazones. Si nuestras torpezas y contradicciones no pueden apaciguarse, sigamos el camino. Tierno será nuestro encadenamiento, terrible y sometido. La pasión, ciertamente, no tiene espacio en este mundo. Ahora viene el dolor. Me apoyo en la inmovilidad, en el fuego que se consume. Es la nostalgia silenciosa y oscura. Me apoyo en el silencio y en la sombra. Aún teniendo los ojos abiertos no veo la luz. ¿Oh, Dios mío, dónde está esa luz, dónde están estos sueños, esta franja de separación? Es una señal cariñosa y cruel. Sirve para llegar apesadumbrados a la muerte. Cada día entiendo más la soledad del poeta, los elementos que constituyen su alquimia, la rama de olivo para el castigo del cuerpo, la mente y los pensamientos para el castigo del alma. El significado será el del infausto, la trama del azar, el fondo la lucha, y el resplandor, el enigma. ¿Será que estamos negados para la tranquilidad?.
Y el hermano Jotamario Arbeláez escribe en su poema Zen y Santidad: El problema de la existencia de Dios/ Es problema de Dios/ No nuestro, que existimos.

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