[13] Ludovico SILVA

Ludovico SILVA

Sabor es SABER

Enrique Hernández-D’Jesús

El sabor es saber.

Hay una palabra que lo define todo. El sabor es lo sabroso, y en esta palabra sabroso está incluida la sabiduría, con sus significados y movimientos, en el orden afectivo, y para ello lo más comprensivo es la forma de sentir el sabor de la Naturaleza, o bien su suerte serena la de Hegel en crear una “teoría de la idea en su existencia objetiva”, y también el sabor del Espíritu, para conspirar con el Alma, con Dios y con la Sociedad. Y Heródoto amaba la sabiduría. Y Heráclito la Razón, y el sabor de la Lógica Kant, y Carlos Marx el sabor Dialéctico, y “Llamó arquitectónica el arte de los sistemas” Kant.
En fin, el sabor del poeta es la palabra, la percepción de la existencia, el encuentro con los lenguajes, con la unidad del acto creador. Y para el filólogo románico asentado en Friburgo de Brigovia Hugo Friedrich, la poesía de Ludovico Silva contiene un sabor de “una genuina sustancia lírica”.

Y el sabor “Humano, Demasiado Humano” de Nietzsche: “Desde un profundo dolor. La pasión deja, una vez que ha pasado, un sentimiento oscuro de sí misma, y nos lanza aún, mientras desaparece, una mirada seductora. Sin duda hay una especie de placer en recibir sus latigazos. Los sentimientos mediocres parecen vacíos en comparación; se prefiere, a lo que parece, el dolor violento al placer vulgar.”Es sabor amargo para Ludovico Silva, en Francfort, Alemania, en una casa de familia tradicional, llamados los Fruauf que significa levantarse temprano. El poeta vivió tres meses ahí. Mientras él aprendía alemán, una joven de esa casa aprendía español, ella se llamaba  Ildegard, ella tenía quince años, y Ludovico le enseñaba el castellano como un buen Mefistófeles, cosa que ella reconocía cuando le decía que él era el diablo.
Ludovico llegó por la mañana y al mediodía  le ofrecieron para homenajearlo, el plato nacional, salchichas y sauerkraut. Ludovico se comió las salchichas y el sauerkraut también por pura decencia. Lo malo vino cuando le preguntaron – si le había gustado el sauerkraut -, y Ludovico por cortesía dijo que sí. Y a continuación le sirvieron otro plato, y se lo tuvo que comer haciendo de tripas corazón.

Así mismo otra de sus aventuras fue con la cerveza.  Le servían una cerveza negra los sábados que era para él como tomar café frío. Pero Ludovico descubrió una caverna en esa casa, donde como buenos alemanes guardaban víveres y licores, y ahí había cerveza blanca, él se las fue tomando poco a poco, hasta que se acabaron, y él abandonó esa casa porque tenía que regresar a España vía París.
En sus diarios que son muchas libretas habla de esas épocas.
El sabor es lo que gusta.
Eso se lo preguntó Kant y respondió con un libro de 500 páginas, y Ludovico no está dispuesto a escribir 500 páginas, a pesar de que su último libro tiene más de 550 páginas “ De la Alienación Como Sistema”.
El sabor es como la definición de Próspero Marime: “El sabor es como unas ganas de dormir”. Y la felicidad también.
Así también existe un sabor por el sabor.
El sabor es bueno en la medida en que esté de acuerdo con los sueños, los mejores platos, los sabrosos están en los sueños.

En los Bordones Christiane escribió:

“Es la hora del crepúsculo
dato ingenuo que se ofrece a mis sentidos
Hay agua retenida en un pozo cercano,
algo de ilusión acorralada
reflejando aquella tarde
en la que vimos también caer el sol
Pero era otro el horizonte:
Todavía existía la esperanza.”

En “CUADERNO DE LA NOCHE”, donde Ludovico, se ilumina de las pasiones, y ebrio despierta a las reminiscencias para conocer el sabor de las antiguas palabras:   LANZA TU POESIA

Lanza tu poesía como un puñal enérgico hacia la
            realidad; ya verás como la realidad te lo devuelve
           con mayor fuerza

No te embriaguez para conocer la realidad; ella
          Está  embriagada. Te toca a ti ser lúcido.
El amor puro a las palabras no se mantiene por siempre;
Llega un momento en que se imponen las cosas.”

Y en su libro IN VINO VERITAS, dedicado a Jorge Guillen
Y con las inmensas palabras de San Juan de la Cruz:
PORQUE EL HOMBRE QUE ESTÁ EN TINIEBLA
NO PODIA CONVENIENTEMENTE SER ALUMBRADO
Sino POR OTRA TINIEBLA

VINO

Si de repente el vino, como liturgia mía
se convirtiese en dios universal,
en dios único, suma de los hombres!
Si el vino, ay, se rompiera de pronto en lo infinito
como un puño de vidrio!
Si como cuerno de oro penetrase
en la virginidad de las tinieblas
y en toro, en espolón, en religiones
desgarrase los vientos conocidos!

Ah, en ese instante atroz, maravilloso,
mi cosmos arterial entregaría
su secreto, su hueso columnario,
y mi rostro, feliz de su amargura,
con qué candor estallaría en ángeles!.

 

El espíritu de Ludovico, el poeta candoroso, estallando en ángeles. Con sus distintos rostros, iluminados, de inquietante belleza, con sus ojos milenarios, profundos, en la más intensa de las melancolías. Escuchaba la radio nacional todas las mañanas. De seis a siete escribía, comenzaba el día con Campari, hasta perderse en el más profundo de los sueños. Así es como podemos pensarlo cuando decía: “Me gustaría que mi libro fuese entendido según el sibilino de estas palabras de Antonio Machado: “La chocolatera está formada de átomos, pero no precisamente de átomos de chocolatera. Esta observación parece demasiado ingenua. Tiene, sin embargo, su malicia. Meditad sobre ella hasta que se os caiga el pelo”

Desde diversas visiones lo encontramos, un lingüista, que entendía a su maestro virtual Simón Rodríguez, o inventamos o erramos, transmutó los distintos oficios de la inteligencia, del mundo intelectual, la reflexión, la filosofía, desde donde con La plusvalía ideológica, creaba vasos comunicadores en la sociedad para juntar los elementos productivos y los espirituales. En Ludovico encontraremos su pasión por la palabra, por el verbo interpretativo, el verbo asombroso de la poesía, con las distintas formas de las luchas interiores, de distintas voces, hablantes, creando sus propias formas, ricas en espiritualidad por sus lecturas y por sus relaciones de muy joven cuando Thomas Merton asume su palabra, y emprende desde BOOMM, la voz que habla consigo mismo, y desde la misma luz, organiza la tarea, al mismo tiempo, de la profecía, del expresionismo,  como interpretando la palabra del profeta, que es lo mismo que el poeta retumbando desde los sótanos en soledad, viviendo los bordes y los espacios internos.

El sabor del whisky, del corazón de la Minerluza, de la luz física de los cabríos, del vino blanco seco, del vino purpúreo. Del adiós baleado en la ensalada salida de Pandora, de esa reina del descuartizamiento que es la Fresa, nos acercan, casi como mendigos de un aroma, de una delicia, a ese ser permanentemente femenino que es la comida. La comida como transmutación de la muerte, como adorno de un espacio, como ceremonia.

No se deben mezclar los sabores en la preparación de un plato. Cada alimento debe conservar su espacio. Los alimentos se mezclan es en la boca al masticarlos. Cada gusto recorre las papilas gustativas. El placer es sentirlo. O bien de utilizar la caja de resonancia que está en la memoria, en el cerebro, como decía Ludovico Silva. La caja de resonancia gustativa.

Es una lástima morir sin probar el fruto de la tentación.

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